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¿Qué hacías con tan sólo nueve años cuando llegaban las vacaciones? La mayoría de nosotros es posible que simplemente jugar. En la playa, en el campo, debajo de tu casa con tus amigos… La historia de Caine Monroy es algo diferente. Ese verano decidió crear un salón de juegos, una sala de máquinas recreativas muy especial. El cortometraje que hoy os presentamos es un documental sobre el proceso y desenlace de esta historia brillante llena de imaginación. Caine es hoy un “pequeño” emprendedor cuyo “salón” recibe a diario a cientos de curiosos, tantos, que el joven ha logrado recaudar 30.000 dólares que irán destinados a financiar sus estudios en Estados Unidos.

Es posible que la historia que hoy contamos no tuviera la misma repercusión sin la figura del cineasta Nirvan Mullick, quién de manera fortuita pasó un día por el antiguo almacén del padre de Caine y quedó prendado con la historia del niño.

Lo que vio fue el comienzo del proceso de “producción” de esta sala de juegos tan peculiar. Un salón recreativo hecho a mano con los cartones que sobraban de la tienda de repuestos de su padre.

Mullick decidió entonces correr la voz en la red, incluso habló con el joven y sus padres para realizar un documental sobre la increíble imaginación de Monroy. Un proceso que llegó a convertirse en viral con la aparición cada día de más curiosos.

El director quedó tan alucinado con lo que estaba viendo que abrió un hilo en reddit explicando lo que estaba realizando Monroy. De Reddit a una página en Facebook y de Facebook llegó a muchos de los medios de la ciudad en Los Ángeles.

Finalmente y una vez acabado el proyecto podemos ver el resultado en el corto. Una increíble sala de máquinas recreativas de cartón salidas de la inventiva de este pequeño genio que ha acabado con su propia página web y la posibilidad de que aquel que lo desee done una cantidad para financiar sus estudios.

Caine Arcade nos ofrece la dirección del salón de Caine en Los Ángeles. Abre los sábados de 8 a.m. a 5 p.m. y por tan sólo 1 dólar podrás vivir la experiencia que un día imaginó el chico. Una pequeña máquina de lanzamiento a canasta, mini-juego de fútbol… incluso un expendedor de tickets (que Monroy da por una ranura del cartón) o un sistema de seguridad propio por si alguien intenta estafar al joven.

Una historia inspiradora sobre un niño que soñó con su propio salón de juegos. Una “bolera” que a día de hoy le ha reportado 30.000 dólares que irán destinados a financiar sus estudios.


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Lee la noticia completa en: iGeek

Fuente: http://igeek.ueuo.com/?p=106

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